Multilateralismo en tensión: ¿Cómo América Latina enfrenta la retirada de Estados Unidos?
Por Edwin Cuevas Rodríguez
Profesor Universitario y Diplomático de Carrera
Aunque la opinión pública concentra su atención en temas como la situación de Venezuela, existen otros desafíos que emergen desde la política exterior marcada por los intereses particulares de cada Estado. La pausa en el multilateralismo y el avance de un enfoque multipolar están obligando a replantear de manera profunda los esquemas de cooperación y las alianzas internacionales. Este escenario ha llevado a los países miembros de diversas organizaciones a realizar una verdadera reingeniería de sus objetivos y estrategias, adaptándose a un contexto global en constante transformación.
La decisión de Estados Unidos de retirarse de decenas de organizaciones internacionales, incluidas más de treinta del sistema de Naciones Unidas, marca un giro profundo en la arquitectura multilateral y genera repercusiones inmediatas para América Latina. El memorando presidencial firmado en febrero de 2025 ordena a las agencias federales cesar participación y financiamiento en entidades clave como la Convención Marco sobre Cambio Climático, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Fondo de Población de Naciones Unidas y plataformas técnicas en energía, biodiversidad y justicia. La Casa Blanca justificó la medida como una corrección de “organizaciones que ya no sirven a los intereses nacionales” (New York Times, febrero 2025), en línea con la narrativa de “Estados Unidos primero”. Sin embargo, expertos y organizaciones no gubernamentales advirtieron que suspender apoyo a estos espacios “pone en jaque programas que salvan vidas” y debilita la coordinación en salud, clima y asistencia humanitaria (Human Rights Watch, marzo 2025).
Las repercusiones para América Latina son múltiples. En materia climática, la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y de órganos técnicos como el IPCC y la Agencia Internacional de Energías Renovables reduce financiamiento y coordinación científica, afectando proyectos de adaptación y transición energética en países altamente vulnerables como Centroamérica y el Caribe. Analistas en redes profesionales señalaron que “la región pierde un socio clave en financiamiento climático, lo que obliga a buscar alianzas con Europa y Asia” (LinkedIn, especialistas en energía, abril 2025). En salud, la retirada de la OMS y del UNFPA implica menor apoyo a programas de salud sexual y reproductiva y vigilancia epidemiológica, elevando los costos de sustitución para ministerios de salud latinoamericanos. En migración, la salida del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo disminuye espacios de diálogo y buenas prácticas, justo cuando la movilidad humana se intensifica en la región.
El impacto también se extiende al comercio y la cooperación técnica. La retirada de la UNCTAD y de comisiones económicas regionales como la CEPAL complica el acceso a análisis y asistencia para políticas productivas, lo que obliga a los países a compensar con alianzas sur-sur y bancos regionales. Medios internacionales subrayaron que “la medida es sin precedentes, afecta 66 organizaciones y 31 de la ONU, con foco en clima, migración y plataformas de coordinación” (BBC Mundo, febrero 2025).
En redes sociales, voces críticas destacaron que “Estados Unidos se aísla y deja un vacío que otros actores llenarán” (Twitter, académicos latinoamericanos, marzo 2025).
Ante este escenario, América Latina enfrenta tres posibles caminos. El primero es la fragmentación, con menor coordinación y financiamiento, y países ajustando agendas de manera dispareja. El segundo es la sustitución cooperativa, fortaleciendo organismos regionales como CELAC, OPS/PAHO y bancos de desarrollo, además de alianzas con la Unión Europea y Asia para reponer capacidades técnicas y recursos. El tercero es la oportunidad selectiva, donde países con capacidades logísticas y financieras —como Panamá, México, Brasil o Chile— asumen roles de puente y coordinación, captando inversión verde y digital.
La posición recomendada para la región es clara: reforzar capacidades regionales, diversificar socios y blindar metas climáticas y sanitarias. En salud, se sugiere canalizar recursos vía OPS/PAHO y bancos regionales para programas críticos, mientras que en migración se deben institucionalizar foros técnicos bajo CELAC y SICA. En el plano diplomático, América Latina debe defender el multilateralismo eficaz, mostrando resultados verificables para atraer nuevos financiadores y socios.
Para Panamá, el momento es propicio. Su conectividad logística y financiera, sumada a su amplia red de memorandos y acuerdos, le permite consolidarse como un verdadero centro de ofertas comerciales y arancelarias. Aprovechar las zonas francas y regímenes especiales puede convertir al país en plataforma regional para la venta y compra de productos, sustituyendo funciones técnicas que Estados Unidos deja vacantes. Como señalaron analistas regionales, “Panamá puede ser el puente entre el Caribe, América Latina y otros continentes, ofreciendo estabilidad y conectividad en tiempos de incertidumbre” (El País, abril 2025).
En conclusión, la retirada de Estados Unidos de estas organizaciones redefine el equilibrio global y obliga a América Latina a responder con creatividad y unidad. La región debe construir soluciones propias mediante cooperación reforzada y diversificación de socios, mientras países estratégicos como Panamá tienen la oportunidad de consolidar su papel como nodo de coordinación y plataforma comercial, manteniendo la agenda latinoamericana enfocada en resiliencia y desarrollo sostenible.
-Fin-


