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Semana Santa impulsa el turismo en el Casco Antiguo entre fe, tradición y visitantes extranjeros

Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

El Casco Antiguo no durmió este Jueves Santo. Mientras miles de panameños salían de la ciudad rumbo al interior, el corazón histórico de la capital se llenó y se desbordó de fieles, curiosos y turistas extranjeros que convirtieron la noche en una mezcla viva de devoción, cultura y movimiento económico.

Mientras se estima que cerca de medio millón de panameños viajaron hacia el interior del país durante estas fechas, otro grupo cada vez más visible, optó por quedarse en la capital y vivir una Semana Santa con matices internacionales.

Entre procesiones, recorridos religiosos y calles abarrotadas, el centro histórico de la ciudad de Panamá vivió una jornada donde la devoción caminó de la mano con cámaras fotográficas, idiomas extranjeros y una dinámica comercial que dejó cifras positivas, aunque aún no oficiales.

Devoción que recorre la ciudad

La actividad religiosa arrancó a las 9:00 de la noche con la primera procesión que finalizó a las 11 de la noche, tras avanzar con paso lento pero firme, marcada por el peso simbólico y también físico, de sus andas.

Luego a la medianoche, la procesión del Cristo Nazareno se tomó las calles, extendiendo la jornada hasta  la madrugada en medio de una masiva asistencia.

El principal atractivo fue el anda de la Última Cena, una imponente estructura que recorrió siete iglesias hasta culminar en la Catedral, cargada sobre los hombros de decenas de devotos en un esfuerzo coordinado que reflejó disciplina, fe y tradición. Junto a esta pieza, una segunda anda complementó el recorrido, dando mayor dimensión al acto religioso.

Acompañando el paso solemne, la jornada contó con la participación de la banda de música de la escuela Moisés Castillo Ocaña, de La Chorrera, integrada por cerca de 100 músicos, así como la banda de la escuela La Primavera, de la provincia de Veraguas, que también se sumó al recorrido, aportando el componente sonoro que marcó el ritmo de la procesión y elevó la solemnidad del ambiente.

A lo largo de las calles y avenidas del Casco Antiguo, el público se apostó en filas continuas, dejando apenas espacio para el paso de la procesión.

Algunos rezaban, otros grababan con sus celulares, y no faltaban quienes simplemente contemplaban la escena como un espectáculo cargado de simbolismo.

Turistas se suman a la tradición

“Es impresionante, no había visto algo así en Centroamérica”, comentó Markus Weber, turista alemán, mientras observaba el paso de la imagen religiosa. “Vine por turismo y terminé encontrándome con una tradición muy auténtica”.

A pocos metros, Carolina Méndez, visitante colombiana, relató que su intención inicial era recorrer el Casco Antiguo por su valor histórico, pero terminó participando en la visita a las siete iglesias. “No soy muy religiosa, pero esto te envuelve. Es tranquilo, respetuoso… diferente a lo que uno imagina de una ciudad capital”, expresó.

Pero no todos los protagonistas llegaron del extranjero. También hubo panameños que decidieron romper la tradición de viajar al interior.

“Siempre me voy para el interior, pero este año quise quedarme y ver qué se estaba haciendo en la ciudad”, comentó Ana González, residente en la capital. “La verdad me sorprendió. Hay ambiente, hay organización y se siente algo diferente, como más abierto al mundo”.

Economía que también hace su procesión

Más allá de la experiencia espiritual y cultural, el impacto económico fue evidente. Restaurantes, cafeterías y comercios operaron a su máxima capacidad, con locales llenos durante toda la noche y una alta rotación de clientes, principalmente turistas.

Esta derrama económica confirma que la Semana Santa en el Casco Antiguo se está consolidando como un producto turístico en crecimiento, con potencial para atraer a miles de visitantes en los próximos años si se fortalece su promoción y mercadeo a nivel internacional.

La jornada, que fue transmitida por una cadena de televisión, mantuvo la atención tanto de quienes estaban en sitio como de quienes siguieron la actividad a distancia, ampliando su alcance y visibilidad.

La visita a las siete iglesias volvió a ser una de las prácticas más concurridas, con grupos de personas desplazándose de templo en templo hasta altas horas de la noche, en un circuito que mezcló recogimiento espiritual con movimiento turístico constante.

El crecimiento de estas actividades no es fortuito. En los últimos años, el Casco Antiguo ha sido proyectado como un punto clave para el turismo cultural y religioso, una apuesta que comienza a rendir frutos con una mayor presencia de visitantes internacionales.

Entre el peso de las andas, el esfuerzo de quienes las cargan, la música que acompaña su andar y una economía que empieza a moverse con fuerza, el Casco Antiguo demuestra que, en Semana Santa, Panamá no solo ora… también factura.