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Terror en Chagres: “Nos acaba de suceder una cagada horrible, vamos de regreso…”

Terror en el Chagres:

Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

Lo que comenzó como una excursión llena de sonrisas, curiosidad y cámaras listas para capturar la belleza del río Chagres y sus cascadas, terminó convertido en un episodio de pánico colectivo que más de cien turistas difícilmente olvidarán.

Era una mañana clara, el aire olía a selva húmeda y la brisa traía el murmullo del agua cayendo entre las rocas.

La guía, al frente del grupo, relataba historias del lugar mientras los visitantes se maravillaban con el verde intenso que abrazaba el sendero.

Nadie imaginaba que, en cuestión de segundos, el paisaje se transformaría en una escena de terror.

Nos acaba de suceder una cagada horrible, vamos de regreso…”, recordaría después la guía, todavía con la voz temblorosa. Salían de la villa en el Chagres rumbo a la ciudad, cuando de la nada, dos hombres de tez morena, armados con escopetas, irrumpieron en el camino.

No hubo tiempo para pensar. Los asaltantes, con armas en alto y órdenes gritadas, comenzaron a encañonar a todos. Un disparo seco retumbó en el aire, rebotando contra las paredes verdes de la selva. El eco del balazo congeló las sonrisas y sembró un miedo que erizaba la piel.

“¡Corran!”, fue el primer instinto. Turistas y guías treparon a la carrera por las rocas húmedas, subiendo montaña arriba, buscando refugio en la cascada. El agua salpicaba los rostros mientras los pies se aferraban como podían al terreno resbaladizo.

La guía no se movió hasta asegurarse de que su grupo estuviera junto a ella. “Yo me quedé con mi grupo toda la distancia para protegerlos”, relata. Pero los hombres armados eran más rápidos. Alcanzaron a los turistas y allí, con el cañón apuntando a pocos centímetros de los cuerpos, dieron la orden:
“¡Al suelo!”.

Los visitantes obedecieron sin poner reparos. El miedo era un nudo en la garganta. La guía susurró instrucciones para que nadie hiciera movimientos bruscos. “Déjenlos que se lleven lo que quieran, lo importante es que salgamos vivos”, repetía.

Uno a uno, los asaltantes fueron arrebatando mochilas, carteras, cámaras y pertenencias. La guía perdió la suya, aunque logró salvar su celular, ocultándolo dentro de un hueco en las rocas y recuperándolo más tarde, cuando todo había terminado.

Cuando los delincuentes se marcharon, la selva recuperó su silencio, pero no la paz. Los turistas, empapados y con la mirada perdida, iniciaron el regreso, sin querer voltear atrás.

Lo que horas antes fue un paseo para conocer la joya natural del Chagres, se había convertido en una pesadilla armada que dejó cicatrices invisibles y una pregunta que retumba: ¿Quién protege a quienes buscan conocer el corazón verde de Panamá?