Reportajes Archivos - La Verdad Panamá https://www.laverdadpn.com/category/reportajes/ Es una página de noticias Sat, 07 Mar 2026 16:45:03 +0000 es hourly 1 https://www.laverdadpn.com/wp-content/uploads/cropped-La-Verdad-1-e1676229196210.jpg Reportajes Archivos - La Verdad Panamá https://www.laverdadpn.com/category/reportajes/ 32 32 «Mi motor es llegar a sexto grado»: cuando la alegría de estudiar llega en la tercera edad https://www.laverdadpn.com/mi-motor-es-llegar-a-sexto-grado-cuando-la-alegria-de-estudiar-llega-en-la-tercera-edad/ Sat, 07 Mar 2026 16:00:41 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=270557 Marcia Guerra iba a la escuela cuando era una niña, pero se vio obligada a abandonarla y regresar al campo

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Marcia Guerra iba a la escuela cuando era una niña, pero se vio obligada a abandonarla y regresar al campo panameño para cuidar a su madre, que había caído enferma. Hoy, a sus 73 años, ha retomado los estudios de primaria en un programa público que impulsa la educación en personas adultas y de la tercera edad en Panamá y del que se benefician especialmente las mujeres.

«Mi motor ahorita es que quiero llegar al sexto grado», comenta entusiasta esta mujer durante una pausa de su clase de tercer grado, que recibe junto a dos compañeras con las que practica la lectura de palabras con sílabas compuestas de «bra, bre, bri, bro, bru» con la guía de la facilitadora Graciela Serrano R.

Las manos de la señora Marcia revelan una vida marcada por el trabajo como asistente en casas particulares y también en una escuela, un ciclo que se cerró hace unos cuatro años cuando un médico le prohibió seguir por un problema en la columna, según relata.

«Me gusta estudiar (…) Yo me siento contenta porque vengo a las clases, me relajo acá y me siento bien», afirma Marcia. Agrega con orgullo que ya lee «de todo» y escribe su «nombre muy bien». 

La voluntaria Graciela Serrano (d), de 65 años dicta clases a un grupo de mujeres adultas mayores en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Carlos Lemos

¿Ya para qué?

Junto a la señora Marcia estudia tercer grado Nilsa Mendoza, de 62 años, quien llegó hasta el cuarto grado cuando era pequeña, pero la pobreza la empujó a desertar, como ella explica a EFE con una emoción que llega a las lágrimas.

«Me gustan las materias que dan, la matemática (…) quiero sacar mi sexto grado, como dijo mi compañera, para ver si nos ayudan o cómo puede hacer uno para salir adelante», expresa esta ama de casa, madre de tres hijos adultos, quienes están «encantados» de que ahora se dedique a los estudios.

El programa «Mi Nueva Meta» del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) comenzó en septiembre de 2025 y tiene el objetivo de que los adultos no escolarizados, muchos de ellos alfabetizados a través de otro programa, culminen la primaria de forma abreviada, explica a EFE la directora Nacional de Alfabetización de esta cartera, Marijulia Barría.

‘¿Ya para qué?’, suelen preguntar los adultos cuando son captados por los funcionarios del Mides, quienes tienen «toda una batería» de argumentos para convencerlos de incorporarse al programa de escolarización, como explica Barría.

«Hay gente cuya motivación es leer la biblia, e incluso ayudar a sus nietos» con los deberes escolares, agrega la funcionaria. 

«Ambientes» de estudio liderados por voluntarios

La voluntaria Graciela Serrano, de 65 años, imparte clases de tercer grado a las señoras Marcia y Nilsa, además de a otra alumna adulta, y de primer grado a Inés González y Jorge Jonás Serracín, de 67 y 66 años, respectivamente, en su casa, que se ha convertido en un «ambiente» de aprendizaje.

Las clases se dan en estos «ambientes» porque «a la gente mayor no le agrada este tema de ir con el cuadernito a la escuela», muchas veces por vergüenza, «entonces (la clase) se hace en una casa porque es más privado y ellos ya no les da pena», explica la directora Barría.

Hay que tener paciencia y delicadeza con estos alumnos. A veces puede ser difícil, comenta Graciela Serrano, quien estudia pedagogía en la universidad.

«Mi deseo es que ellos continúen» y completen el sexto grado, «estoy emocionada porque esto para mí de verdad es muy grande, muy bonito, poder apoyar y ayudar al que lo necesita, y como usted vio, mis estudiantes están contentos», afirma.

Una mujer lee una cartilla de aprendizaje en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Carlos Lemos

Pobreza y machismo saca a las mujeres de la escuela

Poco más de un centenar de personas, la mayoría mujeres de la tercera edad, se benefician de «Mi Nueva Meta», comenta Barría.

«Esto es un fenómeno que hemos notado porque en los programas de alfabetización y en ‘Mi nueva meta’ hay más damas que caballeros», lo que se debe a razones socioeconómicas, culturales y al machismo.

«Muchas veces» ante el tema de falta de recursos «le dan prioridad a los niños, que sean ellos los que puedan ir a la escuela y que las niñas se queden en casa» haciendo las labores domésticas, explica la funcionaria.

Foto EFE

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Las manos indígenas que impulsan el café panameño: tradición y una oportunidad de vida https://www.laverdadpn.com/las-manos-indigenas-que-impulsan-el-cafe-panameno-tradicion-y-una-oportunidad-de-vida/ Sat, 24 Jan 2026 19:47:15 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=265959 Boquete (Panamá), 24 ene (EFE).- En las montañas del occidente panameño, donde nace uno de los cafés más cotizados del

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Boquete (Panamá), 24 ene (EFE).- En las montañas del occidente panameño, donde nace uno de los cafés más cotizados del mundo, el trabajo de recolección del grano depende en su mayoría de manos indígenas Ngäbe Buglé, uno de los siete pueblos originarios de Panamá. Su labor combina tradición y cultura en un contexto marcado por la escasez de mano de obra.

Uno de los rostros de esta historia es Moisés Montezuma, considerado uno de los mejores tostadores de Panamá y el único juez nacional de café de origen Ngäbe Buglé, quien participa en la selección de los mejores lotes que entran a la competencia anual Best of Panama (BOP), evento internacional organizado por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP, por sus siglas en inglés).

Su trayectoria comenzó como recolector en la década de 1970, en fincas cafetaleras donde aprendió a reconocer el grano desde su origen. Hoy, con 50 años de experiencia, asegura que ama lo que hace y que el café transformó su vida.

«Empecé recolectando café en 1975. Tenía pasión por las cosas que hacía y una de ellas fue aprender a procesar el café, posteriormente a catarlo. Poco a poco me convertí en catador sin darme cuenta”, dijo a EFE Montezuma, quien asegura que primero fue prejuez y que en 2006 se convirtió en juez nacional de Panamá, como parte del equipo de especialistas en café de especialidad que tiene el país.

La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas, la mayoría de la etnia Ngäbe Buglé. Llegan familias motivadas por la recolección del grano.

Fotografía del 12 de enero de 2026 de una indígena Ngäbe Buglé seleccionando granos de café, en Boquete (Panamá). EFE/ Marcelino Rosario

La zafra permite tener metas

Para Yamileth Pinto, una estudiante universitaria de Educación Física de 21 años, cada cosecha representa una oportunidad para continuar con su formación académica. Aprendió de su padre el oficio de recolectar café, pues cada año llegaba con su familia a la Hacienda La Esmeralda, la cuna del café más cotizado del mundo, para la zafra.

«Al culminar las clases, migro enseguida para la cosecha. Con esa cosecha me ayudo con el dinero que saco al final, me ayuda para estudiar. Hago un presupuesto para cada cosa. Cuando salí de sexto año, mi papá me dio esa idea y de allí saco el sustento para ayudarme en mis estudios», dijo a EFE.

La experiencia de Leopoldo Pinto Rodríguez refleja otra oportunidad del cafetal. Hace 35 años se inició como recolector y en las fincas aprendió un oficio que le dio estabilidad a lo largo de su vida. Fue uno de los trabajadores protagonistas de aquel primer lote que cambió la caficultura mundial, cuando el Geisha es llevado por primera vez a una mesa de cata internacional.

Hoy reconoce la diferencia entre las variedades de café, con solo probar la miel del grano, entre ellas, el Geisha, aquel grano que colocó a Panamá en la élite mundial por su innovador sabor y fragancia.

Para Leopoldo, el mayor logro no es haber sido parte de ese hito agrícola en la historia del café panameño en 2004, sino que sus hijos sean profesionales universitarios, algo que atribuye directamente al trabajo constante en este sector, como explica a EFE.

La movilidad también marca la vida de muchos trabajadores Ngäbe Buglé. Lucas Hernández comenzó a recolectar café a los 18 años junto a su madre. Recorrieron varias fincas panameñas y luego se desplazaron hasta Costa Rica siguiendo las cosechas.

“No es una tarea fácil, pero es gratificante”, afirma. Para él, este trabajo forma parte de la cultura de su pueblo, enclavado en el corazón de Panamá. 

Fotografía del 12 de enero de 2026 de un indígena Ngäbe Buglé seleccionando granos de café en Boquete (Panamá). EFE/ Marcelino Rosario

La falta de mano de obra para la zafra

Este trabajo se desarrolla en un contexto de creciente preocupación para el sector. Tanto el presidente de la SCAP, Ricardo Koyner, como el alcalde del distrito de Renacimiento, Quintín Pitti, coinciden en que Panamá enfrenta una escasez de mano de obra para la recolección del café.

Pitti aseguró a EFE que cerca de 10.000 personas migran cada año al distrito de Renacimiento para cosechar el café y muchos de ellos cruzan la frontera para Costa Rica, lo que pone en peligro la recolección que se inicia en septiembre en las zonas de menor altitud.

Mientras los productores buscan soluciones a la falta de recolectores, en los cafetales continúan las jornadas de trabajo de quienes, como Yamileth, Lucas, Leopoldo y Moisés, mantienen viva una tradición que combina esfuerzo, conocimiento y esperanza, grano a grano.

Foto EFE

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Bajo el hangar de Albrook: la ciudad que Panamá decidió no recordar https://www.laverdadpn.com/bajo-el-hangar-de-albrook-la-ciudad-que-panama-decidio-no-recordar/ Sat, 20 Dec 2025 10:43:00 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=262602 Cuando terminó la invasión del 20 de diciembre de 1989, Panamá no amaneció en paz. Amaneció desplazada. Las bombas dejaron

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Cuando terminó la invasión del 20 de diciembre de 1989, Panamá no amaneció en paz. Amaneció desplazada.

Las bombas dejaron de caer, pero El Chorrillo no tenía adónde volver. Lo que siguió no fue reconstrucción: fue un éxodo interno, silencioso, administrado con números imprecisos, raciones militares y una urgencia brutal por pasar la página sin leerla.

Uno de los puntos donde esa herida se concentró fue el hangar de Albrook, en lo que entonces aún era Zona del Canal.

Un espacio pensado para aviones terminó convertido en refugio humano. No por días. No por semanas. Por meses, años… y para algunos, casi una década.

El investigador social Gilberto Toro estuvo allí. No como visitante. No como funcionario. Como parte del barrio que sobrevivió a la destrucción y fue reubicado bajo un techo metálico donde El Chorrillo siguió existiendo, comprimido, vigilado y exhausto.

El cruce

Toro recuerda el cruce hacia Diablo, donde aún había una tienda abastecida. La versión cómoda dice que “el pueblo saqueó”.

La realidad es menos simple y más incómoda: no todos salieron a robar, muchos salieron a comprar para no pasar hambre. Familias enteras se organizaron, caminaron juntas, volvieron con bolsas de comida.

Fue en ese retorno cuando aparecieron los Hummers, el grito de “¡alto!”, el miedo seco. Detenido. Esposado. Fotografiado. Un trofeo.

Apenas estaba en el segundo piso de edad , cabello corto, cuerpo atlético. Parecía Fuerza de Defensa. Y en esos días, parecerlo bastaba.

Los interrogatorios fueron mecánicos y fríos: soldados estadounidenses con los nombres cubiertos, lentes oscuros, preguntas repetidas sin importar la respuesta.

Creían que Toro se parecía a un especialista en explosivos. No lo soltarían fácil. Hasta que llegó la tarjeta amarilla, un permiso extraño que no significaba libertad, solo tránsito.

El hangar

El High School de Balboa y luego el hangar de Albrook se llenaron de miles de personas.

No hubo un censo claro. No convenía. Los registros oficiales prefirieron contar muertos y ayudas, no el tamaño real del desarraigo.

Se habla de hasta 20 mil personas desplazadas, principalmente de El Chorrillo, dispersas entre iglesias, escuelas y campamentos improvisados. Albrook fue el mayor de todos: una ciudad provisional sin intimidad ni horizonte.

Allí estaban exmilitares, civiles, ancianos, mujeres embarazadas, niños que habían visto demasiado. Familias extendidas completas: abuelos, tíos, nietos, todos aferrados a no separarse porque separarse era desaparecer.

La seguridad estaba a cargo de la Policía Militar estadounidense. Luego entró la Cruz Roja. La comida era militar: bolsas plásticas, galletas, chocolate, queso en lata.

Al principio fue novedad. Después fue rutina. Luego fue castigo. Comer lo mismo durante semanas convierte cualquier ayuda en una forma elegante de agotamiento.

Un hangar lleno de familias no resiste seis meses sin romperse. Y aun así, se estiró hasta donde pudo. Agua insuficiente. Baños colapsados. Hacinamiento. Peleas. Abusos. Desesperación.

Todo lo que ocurre en un barrio ocurrió allí, pero sin puertas que cerrar ni esquinas donde esconderse.

El idioma del dolor

Toro pasó de detenido a intérprete. Los paramédicos estadounidenses no podían comunicarse con la gente de El Chorrillo.

El idioma era otra forma de abandono. Toro se ofreció a traducir. Caminó carpa por carpa, llevando dolores, explicando medicamentos, calmando miedos.

Gracias a eso, la atención médica empezó a fluir, pero el trauma, no.

Cuando se les daba papel y lápices de colores a los niños, no dibujaban casas nuevas. Dibujaban helicópteros disparando, cadáveres en la calle, edificios en llamas.

Era un diagnóstico colectivo. Ahí estaban los niños que necesitaban atención psicológica urgente. Pero no había tiempo. Ni recursos. Ni interés estatal. Primero había que comer. Dormir. Aguantar.

El retorno incompleto

El plan original del Estado no era restaurar El Chorrillo. Era demolerlo. Hacer uno nuevo. Los edificios viejos, decían que no volverían a servir.

Pero la decisión fue otra: restaurar, remendar, sostener con alambre. Por eso hoy hay edificios sin elevadores funcionales y generaciones que aprendieron a subir y bajar la vida por las escaleras.

Muchos no regresaron. Otros regresaron a medias. Algunos aceptaron reubicaciones hacia el Este o el Oeste. Otros invadieron edificios incompletos porque no soportaban más tiempo bajo el hangar.

La Cruz Roja no daba abasto. Los estadounidenses se fueron. El campamento colapsó. El gobierno tomó control. El barrio volvió… distinto.

La indemnización fracasó porque nunca se entendió la magnitud real del daño. No eran familias de cuatro personas. Eran familias de ocho, diez, doce. Nadie calculó eso. Nadie quiso.

La herida abierta

Treinta y seis años después, Toro es claro: la invasión no terminó cuando cesaron los disparos. Terminó si acaso cuando Panamá decidió no hablar más de ella. Y ese silencio explica demasiado.

La normalización de la violencia.
El juega vivo como ley no escrita.
Las pandillas como herencia no atendida.
El desplazamiento convertido en oportunidad inmobiliaria.

Incluso el saqueo fue contado a medias. No fue solo “el pueblo”. Saquearon todas las clases sociales. Algunos se llevaron jamones. Otros televisores, carros, miles de dólares.

Las bibliotecas no interesaban. Las cajas registradoras, sí. Y ese silencio selectivo también forma parte del trauma.

El hangar de Albrook ya no alberga familias y ni siquiera existe, pero en el pensamiento de los que estuvieron allí, sigue albergando una verdad incómoda: Panamá prefirió cerrar los ojos antes que cerrar la herida.

Y un país que vive así no supera su historia.
La arrastra.

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Terror en Chagres: “Nos acaba de suceder una cagada horrible, vamos de regreso…” https://www.laverdadpn.com/terror-en-chagres-nos-acaba-de-suceder-una-cagada-horrible-vamos-de-regreso/ Thu, 14 Aug 2025 01:21:32 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=249209 Terror en el Chagres: Javier Collins Agnew La Verdad Panamá Lo que comenzó como una excursión llena de sonrisas, curiosidad

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Terror en el Chagres:

Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

Lo que comenzó como una excursión llena de sonrisas, curiosidad y cámaras listas para capturar la belleza del río Chagres y sus cascadas, terminó convertido en un episodio de pánico colectivo que más de cien turistas difícilmente olvidarán.

Era una mañana clara, el aire olía a selva húmeda y la brisa traía el murmullo del agua cayendo entre las rocas.

La guía, al frente del grupo, relataba historias del lugar mientras los visitantes se maravillaban con el verde intenso que abrazaba el sendero.

Nadie imaginaba que, en cuestión de segundos, el paisaje se transformaría en una escena de terror.

Nos acaba de suceder una cagada horrible, vamos de regreso…”, recordaría después la guía, todavía con la voz temblorosa. Salían de la villa en el Chagres rumbo a la ciudad, cuando de la nada, dos hombres de tez morena, armados con escopetas, irrumpieron en el camino.

No hubo tiempo para pensar. Los asaltantes, con armas en alto y órdenes gritadas, comenzaron a encañonar a todos. Un disparo seco retumbó en el aire, rebotando contra las paredes verdes de la selva. El eco del balazo congeló las sonrisas y sembró un miedo que erizaba la piel.

“¡Corran!”, fue el primer instinto. Turistas y guías treparon a la carrera por las rocas húmedas, subiendo montaña arriba, buscando refugio en la cascada. El agua salpicaba los rostros mientras los pies se aferraban como podían al terreno resbaladizo.

La guía no se movió hasta asegurarse de que su grupo estuviera junto a ella. “Yo me quedé con mi grupo toda la distancia para protegerlos”, relata. Pero los hombres armados eran más rápidos. Alcanzaron a los turistas y allí, con el cañón apuntando a pocos centímetros de los cuerpos, dieron la orden:
“¡Al suelo!”.

Los visitantes obedecieron sin poner reparos. El miedo era un nudo en la garganta. La guía susurró instrucciones para que nadie hiciera movimientos bruscos. “Déjenlos que se lleven lo que quieran, lo importante es que salgamos vivos”, repetía.

Uno a uno, los asaltantes fueron arrebatando mochilas, carteras, cámaras y pertenencias. La guía perdió la suya, aunque logró salvar su celular, ocultándolo dentro de un hueco en las rocas y recuperándolo más tarde, cuando todo había terminado.

Cuando los delincuentes se marcharon, la selva recuperó su silencio, pero no la paz. Los turistas, empapados y con la mirada perdida, iniciaron el regreso, sin querer voltear atrás.

Lo que horas antes fue un paseo para conocer la joya natural del Chagres, se había convertido en una pesadilla armada que dejó cicatrices invisibles y una pregunta que retumba: ¿Quién protege a quienes buscan conocer el corazón verde de Panamá?

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El Nacimiento de Harry Díaz: Una Tradición de Fe y Creatividad https://www.laverdadpn.com/el-nacimiento-de-harry-diaz-una-tradicion-de-fe-y-creatividad/ Fri, 13 Dec 2024 14:28:32 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=224236 Javier Collins Agnew La Verdad Panamá En el corazón de un hogar panameño, la tradición de armar un nacimiento navideño

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Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

En el corazón de un hogar panameño, la tradición de armar un nacimiento navideño alcanza una magnitud y devoción poco común, gracias a la dedicación de Harry Díaz, un ciudadano de estirpe, que durante más de 55 años, ha construido una representación del nacimiento de Jesús que combina fervor cristiano, creatividad y un espíritu festivo inquebrantable.

Harry, abogado de profesión y exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, deja los códigos a un lado durante tres días, tiempo en el que se ocupa de armar su envidiable nacimiento de Jesús, representación de Belén que exhibe en su hogar desde el mes de octubre y hasta los primeros días del mes de enero.

Una tradición familiar que trasciende generaciones

Harry recuerda con nostalgia sus primeras experiencias armando nacimientos junto a su madre y hermanos. “Desde que tengo uso de razón, ayudaba en lo que podía”, rememora.

Este panameño ha transformado esta costumbre en un evento anual que incluye más de 300 figuras, muchas de ellas adquiridas en el extranjero.

Entre las piezas más valiosas se encuentra un soldado romano hecho a mano que costó 108 euros, una compra accidentalmente costosa, pero inolvidable.

Creatividad y detalles únicos

La dedicación de Harry no se limita a la tradición. Con un toque de humor y modernidad, ha incorporado elementos únicos a su nacimiento y su ingenio y el de su familia han dado vida a cascadas y ríos artificiales que muchos años han adornado el escenario, evocando la vida en Judea hace más de dos mil años.

“Tengo bastantes figuras de romanos que serían la envidia de Poncio Pilato”, bromea el exmagistrado.

Una obra de fe y superación

A pesar de su entusiasmo, Harry ha enfrentado desafíos. Hace 15 años, sufrió el robo de todo su nacimiento. “Empecé de cero otra vez. Me preguntaba: ¿a quién se le ocurre robar un nacimiento?”, cuenta con resignación, este contratiempo que no detuvo su pasión, sino que la fortaleció.

Un legado que inspira

La obra de Harry Díaz no solo es un testimonio de su fe cristiana, sino también de su capacidad para combinar tradición y creatividad.

Durante los meses en que su hogar se convierte en un santuario navideño, recibe a familiares y amigos que admiran su esfuerzo y pasión.

Ellos lo describen como una persona que irradia calidez y confianza en cada interacción. Además es de carácter sencillo, cualidad que lo hace cercano y accesible a las personas.

“El nacimiento es un recordatorio del verdadero espíritu de la Navidad”, asegura Harry.

Y sin duda, su dedicación a esta tradición sigue siendo una inspiración para quienes buscan mantener viva la esencia de la temporada.

Harry sostiene que esta tradición no es solo una forma de mantener vivo el espíritu navideño, sino también un homenaje a su fe y su familia.

“Dos mil años después de la crucifixión de Jesús, aún hay algo que nos conecta con esa historia. Este nacimiento es mi manera de vivirla y compartirla”, destaca.

Este año el ex magistrado dedica el nacimiento a la amada memoria de Maity y Harry Díaz.

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A 56 años del golpe militar: Torrijos toma el poder y se caía por tercera vez Arnulfo https://www.laverdadpn.com/a-56-anos-del-golpe-militar-torrijos-toma-el-poder-y-se-caia-por-tercera-vez-arnulfo/ Fri, 11 Oct 2024 07:10:05 +0000 https://www.laverdadpn.com/?p=218088 Crispin Chavarria / La Verdad Panamá  A  56 años del golpe militar, el ex mayor  José Hilario Trujillo trae recuerdos

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Crispin Chavarria / La Verdad Panamá 

A  56 años del golpe militar, el ex mayor  José Hilario Trujillo trae recuerdos envueltos en reflexiones sobre la histórica fecha del 11 de octubre de 1968, día en que fue derrocado el extinto Presidente Arnulfo Arias Madrid, y tomara el poder un entonces ex teniente coronel y después General Omar Torrijos Herrera.

Panamá comenzaba una nueva era al caer por tercera ocasión el adalid Arnulfo Arias Madrid, tres veces Presidente y tres veces bajado. «Nunca perdió una elección y la última la ganó con 41, 545 votos», recordó el ex mayor Trujillo adentrándose en los hechos que desencadenaron el Golpe Militar, producto de una combinación montada estratégicamente por el Mayor y gran cerebro Boris Martínez, quien hizo la declaración y trajo la resolución desde Chiriquí el 12 de octubre. Pero ya los días 7, 8 y 9 se habían organizado, adelantándose a los norteamericanos liderados por Efrain Angueira.

El 12 de octubre unas 40 unidades llegaron a la ciudad capital, Aeropuerto de Paitilla, pero en Panamá el Teniente Coronel Torrijos acompañado por otros Mayores habían irrumpido y asumido el Poder. Torrijos era el único que  se habia preparado para asumir y cambiar la historia en lo que más adelante se pudo llamar la nueva República, producto de la Constitución de 1972, hecha por los panameños: única, recordó Trujillo, mientras iba y venía en sus pensamientos en su relato a La Verdad Panamá.

La irrupción de la Guardia Nacional, comenzó a tomar fuerza luego que el pueblo observara como el presidente Marcos Robles al finalizar su mandato abiertamente apoyara a David Samudio, candidato Liberal, en una de las campañas electorales más sucias vistas, recordó Trujillo, sin embargo eso le dio más fortaleza a la Guardia Nacional.

Con estos antecedentes de descontento de la oposición, Marcos Aurelio Robles fue enjuiciado en la Asamblea Nacional el 14 de marzo de 1968 y el 25 de marzo los diputados condenaron al mandatario a la destitución a Robles pero la Guardia Nacional intervino para truncar el proceso y clausurar el Legislativo.

Con este ambiente enrarecido avanzaba hasta el 10 de mayo la campaña política, fecha de elecciones. Se enfrentaron Alianza del Pueblo, Oficialista Liberal con David Samudio apoyado por la Guardia Nacional, Unión Nacional (Panameñista) de Arnulfo Arias; algunos liberales y otros. Antonio González Revilla del PDC.

El 30 de mayo, Arnulfo Arias Madrid ganó con 41,545 votos. Las fuerzas gubernamentales trataron de manipular los resultados pero no lograron eso en las presidenciales, pero si en los diputados formándose protestas que denunciaban a Arias que impuso diputados. El presidente electo fue juramentado el 1 de octubre de 1968, pero recordó Trujillo que Arias Madrid, comenzó a desconocer compromisos de campaña con aliados y no reconocía el respeto al escalafón militar, un pretexto servido para el Golpe Militar.

El Jefe de la CIA y representante de la Inteligencia MIlitar norteamericano de la Agencia 470 tenía una oficina y antes habían tenido problemas en el 31 y el 53 con Remón; pues los gringos no eran del agrado de Arias Madrid, quien era un patriota Nacionalista y al ver esto los gringos pusieron a Angueira para sacarlo, y gestionaron con Rudy Vallarino (civil), le dieran un golpe, :si se ponía bruto», dijo Trujillo, agregando que ahí no estaba ni Torrijos ni Martínez.

Así el 6 de octubre inauguraba en Chiriquí la Cerveza Chiricana y el presidente Arias Madrid, llegó al aeropuerto y allí estaba el Mayor Boris Martínez, quien era el jefe de zona en Chiriquí, pero al momento de rendirle el honor con su tropa, el Mandatario lo miró, dio media vuelta y se fue para el Majagua, en carro, para la inauguración.
Medio Chiriquí estaba en el Aeropuerto, por lo que Martínez tomó 2 horas para llegar a dar parte al General Vallarino en el cuartel. «Vallarino dijo: vaya y dele los honores al Presidente electo, a lo que Martínez se rehusó diciendo  que no iba a aceptar un desaforo más, refiriéndose al Mandatario y envió a un subteniente ahijado de Arnulfo Arias, para que fuera  donde su padrino a darle las novedades.

El ahijado era de nombre Arnulfo Castrellón García, de padres radicales Arnulfista, hermano del periodista Pablo Castrellón, también radical, según los relatos de Trujillo, también fue repelado por el Presidente Arias: «que hace usted jovencito, no necesito militares, retírese, a mi me cuida el pueblo», y García jefe de escolta de Martínez fue a ofrecer parte al Mayor Boris Martínez, por lo que este (Boris) le contestó: «Este viejo se va» y el 7, 8 y 9 de octubre llegaban a Paitilla en avión de la Chiriquí Land Company y hablaron en los Cuarteles con el Coronel Sanjur y los hermanos García, por lo que se adelantó a los gringos y Angueira sin saber que ellos también pretendían lo mismo y se dio la irrupción militar con el Teniente Coronel Torrijos al frente debido a que era el único en graduación y tomado curso de Estado Mayor.
Boris Martínez hizo la declaración en Chiriquí y el 12 cuando llegaron a Panamá ya Torrijos tenia el control de los cuarteles.
Así recuerda Hilario Trujillo como se fraguó lo que llama irrupción militar el 11 de octubre, añadiendo que Arnulfo Arias había puesto diputados y enviado a Torrijos de agregado militar a El Salvador con los mismos salarios y sin viáticos, según se contaba y a otros a México.
Finaliza contando Trujillo que Arias era un adalid, que no duró sólo 41 días en Presidencia, pero se reconoce que le dio el voto a la mujer y creó el Seguro Social, mientras Torrijos trajo la reconstrucción de la Nueva República con la Constitución donde participaron civiles y es la única en el mundo, pues estaban los 505 Representantes que pasaron a Constituyente y cambió la vida del panameño teniendo enfoque de estadista y ser el firmante en 1977 del Tratado Torrijos-Carter el cual devolvió la soberanía y el Canal de Panamá.

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