Expresiones

El desafío de proteger a los más vulnerables

Por Beatriz Carles de Arango

En Panamá, el desarrollo no puede medirse únicamente en cifras o en crecimiento económico. Yo lo veo todos los días en territorio. El verdadero progreso se refleja en la vida de la gente. En ese niño que espera una oportunidad, en ese adulto mayor que no debería sentirse solo, en esa familia que lucha por salir adelante. Ahí es donde realmente se pone a prueba el Estado.

Hace poco, en una de nuestras giras, conocí a una abuela que cuida sola a tres nietos. No me habló de estadísticas ni de indicadores; me habló de comida, de escuela, de futuro. Y en esa conversación sencilla está resumido el mayor desafío que tenemos que se centra en que la política social deje de ser abstracta y se convierta en respuestas concretas que lleguen a tiempo y bien.

En el Ministerio de Desarrollo Social asumimos ese compromiso. No estamos aquí solo para administrar programas; estamos para ordenar, articular y transformar. Somos rectores de la política social, sí, pero sobre todo seguimos trabajando para que las cosas pasen.

Y decir eso también implica reconocer lo que no ha funcionado. Durante años, la respuesta social en Panamá estuvo fragmentada. Varias instituciones atendiendo a las mismas personas sin coordinarse, mientras otras quedaban fuera del sistema. Eso no solo es ineficiente, es injusto.

Por eso hemos insistido en algo que parece obvio, pero que no siempre se hace. Trabajar como un solo Estado. Integrar información, alinear acciones y asegurar que cada intervención tenga sentido dentro de un esfuerzo común.

Otro punto en el que hemos trabajado desde que llegamos al cargo es lograr que los recursos del Estado lleguen a los que en verdad lo necesitan. Hemos ordenado y seguimos cruzando datos, para depurar, porque proteger los fondos públicos también es proteger a quienes verdaderamente los necesitan.

Pero hay algo aún más importante. No podemos conformarnos con asistir. La ayuda es necesaria, pero no suficiente. Nuestro objetivo tiene que ser que las personas puedan salir de la vulnerabilidad, no quedarse en ella. Eso implica formación, oportunidades, acceso a servicios de calidad y, sobre todo, dignidad. Es pasar de la dependencia a la autonomía.

En el caso de la niñez, no hay margen para la indiferencia. Cada niño que crece sin protección es una oportunidad que el país pierde. Y eso no lo podemos normalizar. Fortalecer los sistemas de cuidado, mejorar la calidad de la atención y garantizar entornos seguros no es un tema administrativo; es una decisión de país.

Ahora bien, también hay que decirlo con claridad. La protección de los más vulnerables no es una tarea exclusiva del gobierno. Necesitamos al sector privado, a las organizaciones sociales, a las comunidades y a las familias. Necesitamos que esto deje de ser “un tema social” y se convierta en una causa nacional.

Yo creo en una política social que tenga dirección, que mida resultados y que  sea la guía en la toma de decisiones difíciles. Y creo, sobre todo, en un Panamá que no le dé la espalda a su gente.

Proteger a los más vulnerables no es un discurso. Es una forma de gobernar. Es una forma de entender el país. Y es, sin duda, la base de todo lo que queremos construir.

La autora es Ministra de Desarrollo Social